EDITORIAL

En los últimos 30 años aproximadamente, y de manera paulatina, el estudio del patrimonio se ha visto beneficiado de la aplicación de lo que se empezó llamando “Nuevas Tecnologías”. Esta terminología, que engloba un amplio conjunto de técnicas y que resulta poco concreta, se encuentra actualmente en entredicho, recibiendo un buen número de críticas, no solo por su carácter difuso sino también por su inexactitud. Siendo innegable que un buen número de las técnicas que incluye este gran concepto distan mucho de ser “nuevas”, no podemos dejar de observar la evolución y perfeccionamiento que han conocido y siguen conociendo día a día. Pongamos como ejemplo la fotogrametría cuyos arranques pueden remontarse al siglo XIX, cuando Meydenbauer empleó la intersección de fotografías para el levantamiento de edificios, al estado actual en el que la toma de fotografía, su procesado y resultado final se siguen perfeccionando, lográndose cada día mayor eficacia y detalle. Por ello, los defensores de esta terminología se apoyan en la idea de que las tecnologías son nuevas más por su constante renovación que por la fecha a la que se pueden remontar sus inicios.

Algunos de los detractores de esta terminología prefieren hablar de “Aplicaciones TIC”, es decir, Aplicaciones de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones. Este segundo término se refiere al conjunto de tecnologías que posibilitan la adquisición, tratamiento, almacenamiento, producción, gestión y difusión de información. Se trata por tanto de un concepto igualmente amplio y difuso que todavía no cuenta con la practicidad que deriva del uso pero que cada día va ganando más adeptos, gozando de una mayor aceptación.

Optemos por un término u otro, y sin descartar que puedan aparecer otros más adecuados en el futuro, la realidad es que en estos pocos años (fundamentalmente si los valoramos desde la perspectiva de un historiador) el empleo de herramientas con una base tecnológica se ha hecho cada vez más común hasta tal punto que ya no podemos concebir determinados procesos sin la asistencia de la tecnología.

Sin embargo, los arranques del empleo de las técnicas que implicaban la asistencia de equipos informáticos, fotográficos, topográficos… no estuvieron exentos de problemas, encontrando por partes iguales defensores y detractores y proporcionando resultados de calidad muy variable.

Tal vez aún más compleja resultó la interacción y aceptación de la colaboración de profesionales de disciplinas hasta entonces ajenas al patrimonio. De hecho, aunque hoy en día podemos hablar de total implantación tecnológica, no todos los problemas derivados de la interacción con profesionales de áreas muy dispares se han solventado. Desafortunadamente, la trans versalidad sigue siendo un supuesto que, en numerosos casos, es más teórico que real, ya que en muchas ocasiones es resultado de la falta de un lenguaje común y de un espacio de comunicación.

Otro punto de debate generado por la aplicación al estudio del Patrimonio de las Nuevas Tecnologías es el que supone la pérdida de perspectiva respecto al medio y al fin que implica su empleo. Así, en no pocos estudios, el principal resultado del mismo ha sido el empleo de la propia herramienta y no la mejora de la información patrimonial o histórica. Afortunadamente, en los últimos tiempos, la disminución de la “fascinación” por la capacidad analítica de las tecnologías digitales y la reflexión sobre su falta de “neutralidad” ha proporcionado un marco de aplicación y estudio en el que la tecnología es sólo una herramienta más de las empleadas como fuente de conocimiento del objeto de estudio patrimonial.

La revista Cuadernos de Arquitectura y Fortificación nació con el propósito de proporcionar un punto de encuentro a los diferentes profesionales que en nuestro día a día nos enfrentamos al estudio del patrimonio construido, y más concretamente de las fortificaciones. Y por ello, dada la trayectoria de la disciplina y su notable tecnificación, pensamos en la realización de este número monográfico. Se realizó un call for papers al que respondieron profesionales que trabajan con patrimonio fortificado desde diferentes ángulos y que por lo tanto presentan aportaciones. Evidentemente, no hay que entender este número como una representación de todos los acercamientos que la tecnología ofrece, sino una muestra de la realidad actual de la aplicación y de las posibilidades que plantean.

Un primer artículo pone en evidencia la importancia de la asistencia de la tecnología para la preservación del patrimonio, mostrándonos un sistema pionero que monitoriza las humedades de la muralla de Ávila y que permite la gestión del monumento y el control de estas patologías.

Un segundo artículo se centra en las técnicas analíticas de caracterización y datación de materiales constructivos que se han llevado a cabo en tapiales de fortificaciones y edificaciones militares andalusíes y mudéjares de época material enfocadas a proporcionar datos para mejorar sustancialmente las intervenciones en los mismos.

El análisis geoespacial es el protagonista del tercer artículo, en el que se analiza la relación entre las fortalezas de Cala, Santaolalla, El Real de La Jara y la Torre Atalaya del Alto del Viso, planteando que gracias a estas técnicas puede detectarse la presencia de un sector coherente, dotado de lógica espacial específica integrado en una red castral de defensa periférica de la Tierra de Sevilla.

El cuarto y último artículo se centra en la documentación e investigación arqueología no invasiva mostrando ejemplos concretos sobre el empleo del LiDAR para la realización de Modelos Digitales del Terreno en fortificaciones de diferentes cronologías, planteando una propuesta metodológica para la localización de este tipo de estructuras.

La fotogrametría como base para la documentación es la protagonista de la noticia que muestra el trabajo realizado en el muro de fusilería situado entre las calles Juan de Garay y Alcázar de Toledo de Santander.

Finalmente, la entrevista a Miguel Fernández Díaz, arqueólogo aéreo, nos permite conocer a un profesional de la fotografía aérea aplicada al patrimonio.

Muchos son los temas que quedan en el tintero. Documentar, divulgar, investigar. Las posibilidades que el uso de las herramientas que la tecnología pone a nuestra disposición está lejos de ver el techo y solo tiene como límite nuestra propia imaginación.

 

Elena Vega Rivas y José Ángel Salgado Carmona

COORDINADORES DEL NÚMERO MONOGRÁFICO Y MIEMBROS DEL Consejo de Redacción de CUADERNOS DE ARQUITECTURA Y FORTIFICACIÓN